Habilidades cognitivas en la infancia: cómo fortalecer la atención, la memoria y la resolución de problemas

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Las habilidades cognitivas permiten que los niños reciban información, la comprendan y la utilicen para responder a diferentes situaciones. Están presentes cuando siguen una instrucción, recuerdan los pasos de una actividad, comparan opciones, explican una idea o buscan una solución.

Estas capacidades se desarrollan progresivamente durante la infancia y continúan fortaleciéndose durante la adolescencia. La práctica, las experiencias cotidianas y el acompañamiento de los adultos cumplen un papel importante dentro de este proceso.

Comprender cómo funcionan puede ayudar a las familias a acompañar el aprendizaje con expectativas realistas y actividades que formen parte de la vida diaria.

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¿Qué son las habilidades cognitivas?

Las habilidades cognitivas son procesos mentales que utilizamos para aprender, comprender y desenvolvernos en nuestro entorno. Algunas de las más importantes durante la etapa escolar son:

  • Atención: permite concentrarse en una actividad y dirigir el pensamiento hacia la información relevante.
  • Memoria: ayuda a conservar y recuperar información. La memoria de trabajo permite mantener temporalmente una instrucción en la mente mientras se realiza una tarea.
  • Razonamiento: permite comparar información, reconocer relaciones y llegar a conclusiones.
  • Resolución de problemas: ayuda a analizar una situación, considerar diferentes alternativas y elegir una estrategia.
  • Flexibilidad cognitiva: permite cambiar de enfoque cuando una estrategia no funciona o las condiciones de una actividad cambian.
  • Control de impulsos: contribuye a detenerse, pensar y regular una respuesta antes de actuar.


La memoria de trabajo, la flexibilidad cognitiva y el control de impulsos forman parte de las llamadas funciones ejecutivas. Estas habilidades permiten mantener la atención, organizar acciones y adaptar los planes cuando es necesario. Los niños nacen con el potencial para desarrollarlas, pero necesitan oportunidades para practicarlas.

¿Por qué son importantes para el aprendizaje?

Aprender no depende únicamente de recibir información. Un estudiante también necesita concentrarse, recordar lo que acaba de escuchar, relacionarlo con otros conocimientos y decidir cómo utilizarlo.

Al resolver una operación matemática, por ejemplo, debe recordar los pasos, prestar atención a los signos y comprobar el resultado. Al leer una historia, necesita conservar ciertos detalles para comprender lo que sucede después. En una actividad grupal, debe escuchar, esperar su turno y considerar las ideas de sus compañeros.

Estas habilidades trabajan de manera relacionada. Una dificultad para mantener la atención puede afectar la comprensión de las instrucciones; a su vez, no comprenderlas puede dificultar la realización de la actividad.

Sin embargo, distraerse, olvidar una indicación o cometer errores ocasionalmente no significa que exista un problema. El desempeño puede variar según la edad, el cansancio, el ambiente, el interés y la complejidad de la tarea.

El juego también fortalece el pensamiento

El juego no es únicamente una forma de entretenimiento. Durante una actividad lúdica, los niños pueden practicar la planificación, el lenguaje, la atención, el autocontrol y la resolución de problemas.

Un juego de mesa requiere recordar reglas, esperar turnos y tomar decisiones. Construir una torre implica probar diferentes posiciones y modificar el diseño cuando algo no funciona. En el juego imaginativo, los niños crean escenarios, asignan funciones y adaptan una historia mientras interactúan con otras personas.

La Academia Estadounidense de Pediatría señala que el juego adecuado para la edad favorece habilidades cognitivas, lingüísticas, sociales y de autorregulación. Además, ofrece oportunidades para practicar la colaboración, la creatividad y la resolución de problemas.

No es necesario contar con materiales especializados. Los bloques, rompecabezas, cartas, dibujos y objetos cotidianos pueden convertirse en recursos de aprendizaje cuando permiten experimentar y tomar decisiones.

Actividades para fortalecer las habilidades cognitivas

  • Dar instrucciones por pasos

Cuando una actividad tiene varias partes, puede ser útil comenzar con indicaciones breves y aumentar gradualmente la cantidad de pasos.

Por ejemplo: “Guarda el cuaderno, coloca el lápiz en el estuche y trae tu libro”. Después, se puede pedir al niño que repita las indicaciones antes de comenzar. Esto permite practicar la atención y la memoria de trabajo de una manera natural.

  • Hacer preguntas que inviten a pensar

En lugar de dar inmediatamente la respuesta, los adultos pueden orientar el proceso mediante preguntas:

  • ¿Qué información tienes?
  • ¿Qué podrías intentar primero?
  • ¿Existe otra manera de hacerlo?
  • ¿Cómo podrías comprobar tu respuesta?


Estas preguntas ayudan al niño a organizar sus ideas y buscar una estrategia sin quitarle la oportunidad de participar en la solución.

  • Jugar con reglas

Los juegos de memoria, los rompecabezas, las cartas y las actividades por turnos permiten practicar diferentes habilidades al mismo tiempo.

Si el juego resulta demasiado sencillo, se puede agregar una condición. Si provoca demasiada frustración, conviene reducir la dificultad u ofrecer una pista. El objetivo no es ganar siempre, sino practicar la concentración, la toma de decisiones y la capacidad de continuar después de un error.

  • Conversar sobre lo leído

Después de leer un cuento o un texto, se pueden hacer preguntas que vayan más allá de recordar datos:

  • ¿Por qué crees que el personaje tomó esa decisión?
  • ¿Qué habría ocurrido si elegía otra opción?
  • ¿Qué parte consideras más importante?
  • ¿Cómo explicarías la historia con tus propias palabras?


Estas conversaciones permiten trabajar la memoria, la comprensión, el razonamiento y la expresión verbal.

  • Involucrar a los niños en tareas cotidianas

Organizar una mochila, preparar los materiales necesarios para una actividad o seguir una receta sencilla también requiere planificación y atención.

Estas tareas presentan una meta concreta, varios pasos y un resultado que puede comprobarse. El adulto puede brindar orientación sin realizar toda la actividad por el niño.

  • Permitir que prueben otra estrategia

Cuando algo no funciona, conviene evitar intervenir demasiado rápido. Unos minutos para observar, intentar y corregir pueden ofrecer una oportunidad valiosa para desarrollar la resolución de problemas.

Preguntas como “¿qué parte sí funcionó?” o “¿qué podrías cambiar?” ayudan a dirigir la atención hacia el proceso y no únicamente hacia el resultado.

Acompañar sin convertir todo en una evaluación

Las habilidades cognitivas necesitan práctica, pero esto no significa que cada juego o conversación familiar deba transformarse en una lección formal.

Los niños también necesitan tiempo para explorar con libertad, elegir actividades y encontrar soluciones propias. El papel del adulto puede consistir en preparar un entorno seguro, mostrar interés y ofrecer ayuda cuando sea necesaria.

El Centro para el Niño en Desarrollo de la Universidad de Harvard indica que los juegos y las actividades apropiadas para cada edad permite practicar la atención, la memoria de trabajo y el autocontrol. A medida que los niños crecen, los adultos pueden reducir gradualmente su intervención para favorecer una participación más independiente.

También resulta útil reconocer el esfuerzo de manera específica. En lugar de decir únicamente “muy bien”, se puede señalar: “Probaste otra estrategia cuando la primera no funcionó” o “Recordaste todos los pasos”. Esto ayuda al niño a identificar qué acción contribuyó a su avance.

¿Cuándo conviene buscar orientación?

Es normal que los niños se distraigan, olviden instrucciones o necesiten apoyo en determinadas actividades. Sin embargo, puede ser conveniente conversar con sus docentes o consultar a un profesional cuando las dificultades son persistentes, aparecen en diferentes entornos y afectan significativamente el aprendizaje o la vida cotidiana.

Buscar orientación no consiste en colocar una etiqueta. Su propósito es conocer mejor las fortalezas del niño, identificar las áreas que requieren atención y establecer estrategias adecuadas para acompañar su proceso.

Desarrollar el potencial requiere tiempo

La atención, la memoria, el razonamiento y la resolución de problemas se fortalecen mediante experiencias repetidas y significativas. Una conversación, un juego, una lectura o una tarea cotidiana pueden ofrecer oportunidades para practicarlas.

Lo importante es respetar el ritmo de cada niño, ajustar el nivel de dificultad y combinar la orientación con oportunidades para actuar de manera independiente.

En Bibliotech creemos que comprender cómo aprende cada estudiante permite brindarle herramientas adecuadas para continuar desarrollando sus capacidades. Fortalecer las habilidades cognitivas no significa exigir resultados inmediatos, sino crear condiciones para que los niños puedan observar, pensar, intentar y aprender con mayor confianza. 💙

References

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Yogman, M., Garner, A., Hutchinson, J., Hirsh-Pasek, K., & Golinkoff, R. M. (2018). The power of play: A pediatric role in enhancing development in young children. Pediatrics, 142(3), e20182058. https://doi.org/10.1542/peds.2018-2058

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